xfsmudnyplhetlzdfpsoisbopu5 1536x864

Narnia ya no cabe en el armario

En 1952 el célebre autor y filósofo cristiano C. S. Lewis publicó su obra titulada «Mero Cristianismo» una compilación de escritos y charlas apologéticas que impartió en la radio de la BBC entre 1941 y 1944. En esta obra el autor nos presenta un argumento filosófico conocido como «Los ecos», dónde, a grandes rasgos explica que en los mitos y las representaciones literarias existen alegorías del «mito verdadero», de la Biblia, (la resurrección de Jesús o figuras de lo divino).

Años más tarde, en 1950, Lewis publicó su obra más conocida, «Las Crónicas de Narnia: El león, la bruja y el ropero«. En esta novela con un lenguaje que en primera instancia podría entenderse como alegórico, indica que quiso representar a Jesucristo a través de la figura del León Aslan. Su postura fue más radical en 1961, cuando en una carta a un niño le explica la suposición teológica de que Aslan es el propio Cristo encarnado en un mundo diferente. Esta última perspectiva ha sido reproducida, contada y creída por algunos cristianos fanáticos de su obra.

En 2018 la mega empresa de streaming, Netflix, conocida por tener un enfoque progresista en sus historias y discursos, consiguió los derechos de la saga literaria de Narnia para realizar adaptaciones al cine. Finalmente, este 13 de octubre de 2026 ha salido el tráiler de la película que adoptará el primer libro cronológico “El sobrino del mago». Este tráiler causó controversias debido a que la adaptación está dirigida por Greta Gerwig, incitando la tensión entre la cuestión teológica de la obra de C.S. Lewis y la visión cinematográfica secular y feminista de la directora.

Sectores conservadores y evangélicos temen que un estudio como Netflix y una cineasta de perfil progresista decidan suavizar o eliminar por completo el subtexto del Evangelio (la sustitución penal, la creación/caída del mundo y el señorío divino- elementos que se ven en la obra original-) para hacerla «universal» o aceptable para el público no creyente.

A su vez, el reporte de que la actriz Meryl Streep (conocida por su papel en «El diablo viste a la moda» y «La dama de hierro») prestará su voz para interpretar a Aslan generó duras reacciones e incluso el inicio de campañas de boicot contra Netflix. Dado que Aslan representa a la Segunda Persona de la Trinidad cristiana, los sectores conservadores consideran que alterar el género o la figura masculina con la que Lewis caracterizó al León de la Tribu de Judá trastoca la Cristología subyacente y responde a una agenda política.

Lo que ocurre sobre esta controversia no es solo si la película será «buena» o «fiel» al libro en un sentido narrativo, sino sobre una lucha de propiedad simbólica alrededor de lo sagrado. Lo que sucede con Narnia y la figura de Aslan es un ejemplo de cómo el mito y lo numinoso son reclamados desde diferentes puntos y cómo lo sagrado puede tocar cosas como una novela escrita para niños. Lo sagrado toca la cultura de masas, es decir, sale de los márgenes de lo devocional y se inserta en las conversaciones políticas del presente.

Los creyentes fanáticos de la obra perciben la desterritorialización de Aslan y su mundo, al llevarlo al cine bajo una premisa aparentemente progresista o “woke”, como una usurpación o un despojo. Para ellos, que el mensaje del Evangelio inserto en Narnia se lleve a la cultura secular equivale a profanarlo, porque le quita su función de anclaje de identidad.

Esto mismo ocurre al interior de los sistemas religiosos evangélicos con las nuevas generaciones. Los creyentes jóvenes desterritorializan prácticas y lenguajes aparentemente seculares (música, estética o su ética política) para llevarlos a sus propias vivencias de lo sagrado. Los jóvenes negocian permanentemente el límite de lo sagrado, ellos deciden hasta dónde ceder frente a la tradición de las iglesias sin perder la pertenencia comunitaria, y hasta dónde empujar la frontera de lo sagrado para no ahogarse en la rigidez institucional.

En este sentido la vivencia de lo sagrado en «Las Crónicas de Narnia» no opera únicamente como un mero recurso pedagógico o una alegoría. Va mucho más allá, pues constituye una experiencia litúrgica e identitaria, es decir, hay una axiologización y sacralización de esta obra. Lo sagrado no es un artefacto estático en una vitrina eclesial, sino una fuerza viva que se negocia siempre en la vida social del creyente, pues este tiende a subvertir la perspectiva institucional. Las creencias en el mundo contemporáneo resisten el estira y afloja de la cultura, porque no dependen del control de la institución sino de los creyentes.

Al final si ese tal Aslan es el Dios de los cristianos encarnado en la fantasía, lo que podemos rescatar desde la antropología, es una vista clara de la tensión entre la estructura rígida de la institución y el desborde de la perspectiva del creyente, donde el mito y el ritual salen del templo. Se ven “ecos” de lo sagrado en la cultura de masas, la literatura y el arte, escapando de las paredes del templo. Como dijo El señor Castor al final del libro:

“Un día lo veréis y al siguiente ya no. No le gusta verse atado a un punto fijo… Aslan no es un león domesticado”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *